LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS

Estás aquí, pero te siento a mil años luz

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pasado, presente, futuro

Ella se detuvo. El resto de sus amigos siguió caminando. Nadie se dio cuenta de su detención, ni siquiera cuando ya llevaban muchos metros recorridos. Se dio la vuelta. Quiso hacerlo rápido, invadida por la desesperación, pero la sorpresa le obligó a girarse lentamente, con miedo.
La gente continuaba caminando. La mayoría reían. Algunos llevaban gorros de Papá Noel en la cabeza, otros se apretujaban en sus chaquetones y se ponían a la cola de un puesto de chocolate caliente. Los niños corrían y las familias paseaban. El mundo era puro movimiento. Pero ellos, ellos estaban quietos.
Se miraron a través de la oleada de personas que inundaba la concurrida feria. Sus ojos brillaban inquietos.
Ninguno dio un paso.
Pero él se dio la vuelta. Continuó caminando en la dirección en la que iba y ella no reaccionó. No fue tras él, ni él volvió a dirigirle una sola mirada.
Simplemente hicieron como que no se habían visto. Ella ocultó las lágrimas y fingió una amplia sonrisa.
Él tiró la rosa al suelo y la pisó con rabia.
Y ninguno se dio cuenta de que habían perdido la oportunidad de ser felices.

viernes, 21 de diciembre de 2012

La distancia era larga, demasiado larga.
El pasillo se extendía hasta el horizonte,y, aún así, ella lo escuchó. La suela de goma de unos zapatos desgastados provocaba un sonido que ella conocía demasiado bien. Un sonido que rebotó de una loseta a otra, cruzó el pasillo, y le hizo levantar la cabeza.
Se miraron. Había metros y metros, pero, en el momento que sus ojos se encontraron, a ambos se les detuvo la respiración.
-Cuánto tiempo... - dijo él con voz temblorosa.
-Sí... - suspiró ella.
Sus voces eran suaves ecos cargados de nervios que viajaban a ambos extremos del corredor.
-¿Sabes...? - empezó él. - ...realmente, nunca te llegué a olvidar.
-Ni yo a ti.
-Entonces... supongo que... te sigo necesitando.
A ella se le paró el corazón. Su cerebro fue lento en dar la orden y en volver a conectar todas las conexiones, pero, aunque su reacción fue retardada, sus pies se levantaron del suelo y ella echó a correr.
Él no se contuvo. Veloz como la luz, arrancó hacia ella y, en el momento que se encontraron y se fundieron en una abrazo lleno de "te quieros" y "te he echado de menos", apareció un perro con bigote y, confundido por tanto amor, no supo qué hacer, y explotó.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Amore

+¡Eh, pequeña princesa!, ¿qué te pasa?
-Nada, sólo lloro porque acabo de perder mi reino.
+¿Tu reino? ¿Qué ha pasado? ¿Lo ha atacado algún ejército?
-Sí, un ejército de mariposas.

viernes, 30 de noviembre de 2012

-¿Puedo hablar contigo? Es que... ha pasado algo importante. No, no te asustes, no es malo, al menos no para mí. No sé lo que tú opinarás. Es... bueno, es que no sé cómo expresarlo. No, mentira, si sé, pero me cuesta. Es difícil. Y... me estoy poniendo nerviosa, creo que necesito respirar. Oye, espera, tengo que decirte algo. Espera, te digo. Por favor. Es importante. Te quiero.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Diccionario de la lengua española, Secundaria y Bachillerato
Editorial SM
ISBN: 978-84-675-3167-1

: pron.pers. Forma de la segunda persona del singular que corresponde a la función de sujeto o de predicado nominal. ETIMOL. Del latín tuORTOGR. Dist. de tu; MORF. No tiene diferenciación de género.

Diccionario del Corazón

: Dos putas letras por las que me levanto todos los días

sábado, 24 de noviembre de 2012

Quizá un ramo de flores en primavera no llame la atención, pero si llueve, nieva y hace frío, ¿quién será la afortunada a la que le regalen esa colorida estación?

-Ya lo sabes todo. Ya sabes por qué lloro. Ahora vete. Vete y no le digas nunca, jamás, a nadie, que me has visto.
+No me iré.
-Claro que sí. Tienes que irte.
(Él la besa a ella)
-¿Q-qué?
+Estabas triste porque decías que no le importas a nadie, ¿no?, que nadie te querrá nunca.
-Sí, pero...
+Yo te quiero.
-No. No puedes quererme, no sería bueno.
+Claro que sí.
-Pero no puedes...
+Ten (le da una caja llena de caramelos y, al fondo, un corazón de plastilina con sus dos iniciales entrelazadas)
-¿Cuándo hiciste esto?
+Hace mucho.
-¿Cuánto es mucho?
+En septiembre, cuando empezó el curso.
-Dios, eso es mucho.
+Lo hice para ti.
-Pero ... no puedes. Ni siquiera tienes mi edad, y no me conoces, no sabes cómo soy verdaderamente, sólo conoces mi maldita máscara. No sabes que soy tímida, tonta, desordenada, sosa, seria, tengo demasiada conciencia, cobarde y hago todo aquello que cualquier persona consideraría tremendamente aburrido. No... no puedes quererme.
+Pero te quiero.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Estoy escribiendo. Lo sé con certeza. Quizá con demasiada. El sol no existe. En este mundo, o lugar, o espacio, no hay sol. Ni luna. Ni estrellas. No hay más que una triste y fría oscuridad.
Pero también hay un lápiz y un papel. Es lo único real que percibo. Ni siquiera hay suelo. Sólo ese lápiz, ese folio, apretados entre los sudorosos dedos de mis manos.
Como no hay sol, no puedo ver las letras. No veo si las escribo en orden, en línea recta, siguiendo unas pautas. Pero sé que ellas sí que existen. Porque estoy escribiendo.
Lo sé con certeza.

Y lo que escribo es tu nombre.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Querido mundo:

Las zapatillas de ballet están aparcadas. El osito de peluche escondido y guardando polvo en algún rincón del armario. Esos vestidos amarillos, repletos de primavera, están protegidos bajo la dura madera del arcón de la buhardilla. 
El aire de esta casa ha cambiado. Ya no es cálido, ni alegre y jovial. Ahora es frío. A veces, incluso me hace daño.
Ayer nos enteramos definitivamente de tu verdadero estado. 
Ayer le di la mano a mamá, y sacamos esas viejas fotografías, ¿te acuerdas de ellas? No, no lo creo. Eras demasiado pequeña como para recordarlo. Pero yo sí lo hago. Lo tengo en la mente. A cada segundo.

Esas fotografías recogían trozos de una pequeña vida. Los vestidos amarillos, las bailarinas, el osito... incluso las primaveras, siempre, siempre, serán tuyos. Y están ahí, en esas fotografías.
Quiero que te quedes con esto.
Con esta carta. Y quiero que me avises el día que la leas. Cuando abras los ojos y la veas, quiero que abras la ventana y me llames. Y yo, allá donde esté, acudiré a tu llamada. 
¿Recuerdas que siempre me pedías que tocase el violín?
También está escondido. Pero esta vez lo voy a sacar. Por tí, y sólo por tí. Lo sacaré de su estuche negro de cuero y me iré al metro. Y tocaré. Una. Y otra. Y otra vez. Alguien, alguna vez, se detendrá.
Y cuando me pregunten:
"¿Por qué toca?"
Yo responderé:
"Por tí"
Te quiere, papá

Dedicada a todos aquellos niños y niñas que pasan su infancia encerrados en un hospital

lunes, 5 de noviembre de 2012

21 de Agosto de 1992
¿Para qué escribir?
Este folio se convertirá en cenizas cuando el frío vuelva a bañar esta casa. 
Nada de lo que haya aquí escrito te llegará. No lo leerás. Entonces,
¿para qué escribir?
Querida Nana:
Te echo de menos. Mucho. Mucho. Mucho de menos. 
Aquí siempre es invierno. Y cada vez que nieva, me acuerdo de ti. Me acuerdo de cómo bailabas bajo los copos. Eras como un ángel. 
Aunque este año no recibas nada de mis manos, espero que lo recibas de mi alma, espero que el avión de papel en que se convertirá esta carta te llegará y te veré sonreír en la distancia. 
Querida Nana:
Feliz cumpleaños.

martes, 30 de octubre de 2012

Traición

"No está. No ha venido. Le ha pasado algo. Ya... no me ama"
Le veo estas palabras grabadas a fuego en el rostro al entrar en la cabina. Me apretujo contra el cristal y exhalo aliento sobre él, quizá para intentar borrar la decepción en el rostro de la única persona a la que soy capaz de mirar a la cara.
Se sienta, pero yo permanezco de pie, pegado al vaho.
-Siéntate. - no le hago caso y no repite la orden.
-¡¿Dónde está?! - lo digo tan fuerte que varios presos más se giran para mirarme.
Baja la cabeza y yo la bajo con él, intentando cruzar nuestras miradas, pero a través de un escaparate.
-No va a volver.
-¡¿Qué?! - esta vez grito sin importar quién me escuche.
Aprieta los labios.
-Cree que... 
-¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Cree qué?! - trago saliva porque se me ha quedado la garganta seca.
-Cree que... te mereces a alguien mejor que ella.
NO! - ahí está. Su fría y dolida mirada de ojos azules que me atraviesa. Dice la verdad. Probablemente le ha prometido que me transmitiría este mensaje. Quizá ella no soportaría mi reacción, pero él, ¿es capaz de soportarla él?
No despega los ojos de mí mientras me estampo contra el cristal una y otra vez. Mientras lo ataco, con uñas y dientes y grito, rajándome las cuerdas vocales,  tratando de desgarrar el mundo, un mundo donde no está ella.
Un par de guardias consiguen calmarme y me alejan de la ventanilla.
-¡No! - repito. - ¡Iván, Iván, sácame de aquí! ¡Tengo que verla! ¡Tengo que decirle que la amo!

Ahora sí. Sus ojos de hielo se posan en el suelo. Pero no me hace falta mirarle para oír lo que dice.
Ni siquiera necesito que el mundo deje de girar, enmudeciéndose, para escuchar el suave y susurrante halo gélido que emana de sus labios. Porque lo hace. El mundo se detiene.
-Está embarazada. - susurra, y no me da tiempo a sonreír. - Voy a ser papá.

viernes, 26 de octubre de 2012

Take my hand and you´ll fly

-Dame una razón. Una única razón.
-No puedo. 
-Entonces me iré.
-Pero yo no quiero que te vayas.
-¿Y por qué? ¿eh? ¿Qué te hace querer que me quede?
-No lo sé. Es algo... algo extraño. Como, como... no sabría definirlo.
-No me vale. No es razón suficiente.
-Pero yo...
-No.
-Tú tampoco quieres irte.
-Claro que quiero.
-No quieres. Sé que quieres quedarte, aunque tú tampoco sabes por qué, ¿a qué sí?
-Sí quiero. Pero no lo entiendo. Y me asusta.
-A mí también. Pero te diré una cosa.
-¿Qué?
-No creo que esto se solucione alejándonos el uno de otro.
-¿Ah, no?
-Creo que, esta a sensación de necesidad, de anhelo... la llaman 
Amor. 

domingo, 21 de octubre de 2012

¿Serás tú... mi príncipe multicolor?

-Agarradlo fuerte. Que no se os escape.
¿Por qué? ¿Por qué tengo que retenerlo?
La pista está llena. Miles de personas. Con nombres, con vidas y sentimientos, sostienen, cada una, un globo de un color distinto. La explosión de tonalidades que inunda el patio es increíble, como si nos encontrásemos sumergidos en un gran lienzo. Pero los globos no pueden volar. Tenemos que sostenerlos bien fuerte entre las manos.
El mío es amarillo. El color del sol. Por alguna razón que desconozco, su color me transmite una alegría inmensa y, por extraño que parezca, mi globo parece brillar en medio de todos los demás. Como si tuviese realmente el sol entre las manos.
No. No quiero retenerlo.
Abro las manos. Mis dedos se separan poco a poco. Siento como el hilo me hace cosquillas al deslizarse entre ellos. Ahora es libre. No seré yo quien lo encarcele. No quiero que el sol pertenezca a una sola persona. Quiero que sea de todos. Que esté en lo alto del cielo, donde debe estar. Quiero que brille.

Supongo que he debido llamar mucho la atención. Pero, ¿qué importa?
El silencio lo baña todo. Sé que muchos me miran, asombrados, pero que, al final, dirigen su vista a mi estrella.
Cuando mi globo está bien alto, de súbito, uno más comienza a elevarse. Es azul. Como el cielo. Y va en busca de mi sol, que se le ha perdido.
No sé por qué, pero todo el mundo se aparta y forma una especie de pasillo. 
Y ahí, al otro lado, está él.
El chico sin globo. Me mira. Le miro. Y nos sonreímos.
Inmediatamente, todos sueltan sus colores y los dejan volar. Pero ni él ni yo nos percatamos de ello.
Ya está.
Me acerco a él, aunque ya nadie nos presta atención. Nuestras miradas se mantienen la una a la otra en todo momento. Hasta que nuestras manos se tocan. 
Te encontré.

miércoles, 17 de octubre de 2012

17  de Agosto de 1993

Palomas. Palomas blancas. Volad, volad alto, donde ni yo ni nadie os pueda alcanzar.
¿Lucas? ¿Estás ahí? ¿Las ves? ¿Ves las palomas?

La chica del gato. Así es como me conocen. Ya no soy "la novia de Lucas", ni siquiera "la chica", a secas. Si me llaman así es por mi nuevo compañero. 
Nano no es mi gato. No es mi mascota. Ahora solo somos amigos. Aunque aquí nadie parece entenderlo.
Ellos viven en mundos diferentes al nuestro. Los días soleados les pertenecen. Días de sol, de nubes blancas, de cielo azul. Mientras ellos disfrutan, nosotros caemos. ¿Hacia dónde? No estoy segura. Quizá hacia ninguna parte. Sólo sé que, cuando la noche cae sobre esta maldita ciudad, y el silencio lo baña todo, Nano y yo dejamos de movernos y ponemos los pies sobre la tierra.
Las noches son nuestros días. Me apoyo en la pared de tu piso y lloro desconsoladamente, porque se me gastan las fuerzas de esperarte. En cambio, Nano sube al tejado cada noche y maúlla. Creo que pregunta.
Pregunta a esos días soleados, y a esas nubes blancas, y a ese cielo azul.
Lucas, ¿dónde estás? Esa es su pregunta.
Cuando despunta el alba, comenzamos a caer de nuevo.
P.D. No te preocupes, Nano.
Volverá.

domingo, 14 de octubre de 2012

13 de Agosto de 1993

Recuerdo esos días en la cálida y acogedora cocina. Recuerdo tus manos, rápidas y delicadas, al verter el café sobre las tazas. La lluvia golpeaba los cristales con fuerza. Los truenos hacían retumbar los azulejos medio rotos de la pared.
-No tengas miedo. - solías decirme.
Nunca tuve miedo. No mientras tú estuvieras allí.
¿Sabes que ahora voy a tu apartamento cada día? ¿Sabes que me paso las tardes sentada contra la pared, contemplando la oscuridad?
No me atrevo a encender la luz, aún no. Si lo hago, me daré cuenta de que no estás.
Hace días apareció Nano. ¿Lo recuerdas? Es aquel gato al que solías dar leche por las tardes.
Cada día me sigue calle abajo hasta casa después de pasar la tarde conmigo.
¿Tú también le echas de menos, Nano?
Nano dice que sí.
Anoche encontré tus cartas. He leído algunas, no todas.
¿Es por eso que te has ido? ¿Por tu padre?
No es justo. Yo podría haberte ayudado. Podría haberme ido contigo. Seguro que juntos lo encontraríamos.
Tengo que dejar de escribir esto porque las lágrimas van a emborronar el texto. Y, además, escribiendo a oscuras no me está saliendo bien.
Algún día se encenderán de nuevo las luces de esta casa.
Pero serás tú quien pulse el interruptor.
P.D. Un día más sin ti.                 
               
                                                                                                          ¿Dónde estás?

sábado, 6 de octubre de 2012

Caída de las hojas del calendario

Cuatro días, cuatro horas, cuatro años, cuatro segundos. El reloj emite su constante sonido. El invierno regresa, se acaba, los pétalos de las flores se tornan de vivos colores. El verano los derrite y el otoño las marchita. El invierno vuelve. La nieve cubre el mundo. El frío glacial congela las calles, congela los trenes y las almas de aquellos que recorren largos viajes. El cielo se vuelve oscuro y las pesadas nubes se ciernen sobre el mundo. La luna baña con su luz azulada los fríos y negros callejones de ciudades durmientes.
Pero el invierno acaba, y, con él, el mundo despierta. Los árboles se elevan y las flores renacen. Los colores inundan praderas y tierra. Las nubes se convierten en algodón que algún día escapó volando de los campos.
Las zapatillas recorren caminos, paseando, y la alegría invade los pueblos.
Pero esa vivacidad acabará pronto. Esa hermosa luna llena será la única luz en un mundo oscuro. Las golondrinas dejarán de volar y el aire detendrá el tiempo.
Por eso no importa cuántos años, siglos, horas, días, e incluso segundos, pasen. Porque todo volverá. Volverá y se marchará y luego volverá de nuevo. Y el ciclo se repetirá constantemente. Y aunque tú te vayas. Ya sea ahora, o mañana, o dentro de un milenio, yo sé que seguiré amándote.
El invierno me acompañará en las gélidas noches de llanto. Hasta dejarme dormida.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Real?

El vaivén del TRAM me marea. Me hace sentir esas extrañas mariposas en el estómago que tanto adoro. Hace tiempo que no las siento, mucho tiempo, de hecho. Quizá el hecho de viajar en TRAM sea sólo una excusa más para sentirme mejor, para sentir que el amor existe, aún cuando a mí no quiere conocerme.
La noche cae al otro lado de la ventanilla. A la lluvia le asusta la oscuridad. Pega sus fluviosas manos en el cristal y me pide ayuda. Lo siento, gotas, no podéis pasar, vuestro destino es morir contra el suelo. O contra lo que sea. Contra la ventanilla de este tranvía.
El transporte se para por enésima vez. Aún faltan varias paradas para llegar a la ciudad, a casa. Pero no corre prisa. Hoy no.
Entran un par de ancianos seguidos de un chaval joven. Los examino mientras se acomodan en los asientos de plástico azul. El chico parece perdido, como buscando algo.
Lo miro disimuladamente. Él posa sus ojos en mí y luego en el asiento vacío a mi lado. Me ruborizo sin quererlo, pero no me pide permiso para sentarse. ¿Por qué habría de hacerlo? No soy dueña del sillón.
El chico me mira un par de veces y luego pierde sus chispeantes ojos verdosos en la pared final del vehículo.
Yo lo miro unos segundos.
"Parece llover en sus ojos"
Me giro hacia la ventanilla de nuevo.
-¿Alguna vez has pensado que tu vida es una mierda?
Lo contemplo anonadada.
-¿Eh? -  es lo único que soy capaz de articular.
Me mira seriamente. Definitivamente, hasta la lluvia de fuera quedaría reducida a añicos con sólo ver la tormenta que se desata en sus iris.
-Que si alguna vez has pensado que tu vida es una mierda.
Me parece un poco descarado el hacerle esa pregunta a una desconocida, pero, aún así, la respondo.
-Casi  siempre lo pienso. - es cierto.
Se deja caer contra el respaldo. Esboza una débil sonrisa.
-Creía que era el único.
Cuando el TRAM llega a Alicante, el chico y yo hemos contado nuestras pordioseras vidas en apenas veinte minutos. Bajamos en la misma parada y nos despedimos en la puerta.
Aún me giro unos minutos para mirarlo. Él también me está mirando. Nos detenemos y nos estudiamos mutuamente.
Ya no estoy en el TRAM. No estoy en un "simulador".
Las mariposas del estómago, son reales.

sábado, 29 de septiembre de 2012

El amor sí tiene medida

nosotros lo contamos en minutos y kilómetros

viernes, 28 de septiembre de 2012

Just fall down

Los arces se inclinan hacia mí. Todo el asfalto, y la tierra, y los pájaros, se detienen a mirar.
El tiempo decide retrasar sus segundos para observarme. El sol colapsa su ciclo, anhelante.
El rayo de luz me alcanza.
Mis párpados cerrados lo perciben. Pero no me atrevo a levantarlos.
Manténte quieta, un poco más. Sólo un poco más.
¿Luz?
¿Por qué hay luz?
Respiro. Vuelvo a respirar. Y el mundo se traga mi respiración.
Esa no es la pregunta correcta.
Una suave brisa me alcanza y tira de las apelmazadas hebras que forman mi cabello.
¿Por qué,
si hay luz,
yo aún
pertenezco

la
oscuridad
?

lunes, 24 de septiembre de 2012

Holes in soul

-Me enseñaste a ganar, ¿no es así?
A crecer, a observar, a aprender, a sonreír.
¿Por qué eres tú el que se rinde ahora?
¿Por qué tú? ¿Por qué tú y no yo?
¿No era yo la débil? ¿No era yo la que lloraba?
-Nana... tú nunca fuiste débil, siempre... siemp-siempre fuiste la más valiente de los dos.
-No... No. ¡No! ¡¿No lo entiendes?! ¡Si te vas, si te vas.... ¿qué será de mí?!
-Sé que siempre te alzarás. Sé que, aunque estés triste, te levantarás y le sonreirás al mundo, era eso lo que te enseñé, ¿verdad?
-No. No sin ti. Nunca. Nunca más.
-Oye... Na-Nana..., cuando yo...
-¡No! ¡No lo digas, no lo quiero oír!  
-Pero tienes que saberlo. Debes saberlo.
-¡No!
-Nana... llegará un momento en que...
-¡No! No, por favor...
-...moriré.                                                                         
-¡No! ¡Mientes!
-Nana, sabes que no.
-¡Eres un mentiroso!
-(suspira) Venga, Nana, ¿qué tal si contamos nuestra historia?
-(solloza) ¿A quién?
-A todo. Al mundo, a las paredes, a las nubes, a la hierba, todo quedará grabado, venga, empieza tú.
-(Silencio)
-Está bien, Nana. Lo haré yo.
-(Silencio)
-Llegué nuevo al instituto el catorce de septiembre, ¿recuerdas?
-(Silencio)
-Y me recibió una maravillosa chica salida de la nada.
"Escuchar a Paul contar nuestra historia. Verle sonreír aún postrado en una cama de hospital. Siendo fuerte por los dos... es lo que más me demuestra que es un mentiroso. ¿Por qué se empeña en hacerme fuerte? los dos sabemos que no soy capaz de eso. Los dos sabemos que, si yo caigo, no me incorporo, que necesito de su mano para hacerlo. Pero... cuando esa mano no esté, ¿me quedaré oculta en algún agujero negro? ¿Veré pasar la vida ante mis ojos como fotogramas de una película?"
-... fue cuando me animé a decirte hola, al lado de la máquina de snacks, llevabas esas zapatillas tan graciosas...
"¿Por qué, Paul, por qué? No sigas haciendo esto. No sigas luchando. Tú te has retirado, ahora es mi batalla. Deja que la pierda yo sola. No acabes así, de esta forma. Paul... Paul. ¡Paul! ¡Por favor, por favor!"
-(Sollozo)
-... me ayudaste a llevar la mochila cuando lo necesité. (sonrisa torcida)
-(Llanto)
-Me había hecho un feo esguince, pero... ¿quién estaba ahí? (sonrisa amplia)
-(Lágrimas desesperadas)
-Nana, por supuesto. (sonrisa amarga)
-(Grito)
"Así que ese es tu plan. Quieres morir dejando constancia de que existimos, de que no fuimos dos piezas más de un juego de dioses, que éramos libres. Quizá diminutos, poco importantes, pero estábamos ahí, juntos, felices. Teníamos una vida. Una historia."
Paul cuenta él solo nuestra historia. Lo escucho toda la noche con la oreja pegada junto a su pecho. Cuento los latidos de su corazón, el vaivén de su pecho débil.
Lo escucho, hasta que deja de respirar.

sábado, 22 de septiembre de 2012

You´re my teddy

Caer. Levantarse. ¿Qué diferencia hay?
Caer es levantarse hacia la tierra.
Levantarse, es caer hacia el cielo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cinco centímetros por segundo

"Señores pasajeros, el tren con destino Madrid se aproxima por el andén nueve. Llegará dentro de dos minutos. Por favor, accedan con precaución hacia la zona de embarque"
Hundo la cabeza hasta la nariz en el suave cuello de lana de mi jersey.
Cuento los segundos en la mente. ¿O son los latidos del corazón?
Oigo el rechinar del tren contra las vías metálicas. La nieve cae lenta y grácilmente a mi alrededor, como si estuviese bailando. Una lágrima se congela en mi mejilla. 
"¿Veremos juntos el año que viene caer la nieve?
Siempre la veremos juntos"

Aprieto los dientes. Mentiroso.
La gente a mi alrededor comienza a movilizarse hacia las puertas abiertas del talgo que acaba de entrar en los andenes.
También las personas parecen bailar. Estoy en medio de un gran baile, una gran danza en la que a mí no se me permite moverme.
Jess!
Levanto la cabeza hacia arriba. Juraría que el cielo ha gritado mi nombre.
Jess!
No lo he imaginado, es real. Me separo un poco del resto de la gente, que camina atropelladamente repleta de maletas y abrigos. Levanto la cabeza y me giro en todas direcciones.
Jess!
-¿Prat?
Un hombre se gira hacia mí. No le hago caso.
-¿Prat, eres tú?
Hay una figura corriendo. Si no fuera por que el tiempo se detiene, estaría segura de que avanza a la velocidad de la luz. Impacta contra obstáculos en su camino, no estoy segura de si son carteles o personas. Una niña me empuja y, pronto, me encuentro sometida a la fuerza de una marea humana. Pero no lucho contra ello, tengo los ojos clavados en el chico que corre hacia mí.
-¡Prat! - alargo una mano. Mis dedos aún no le alcanzan. Es como si me encontrase a las puertas del cielo. - ¡Prat!
-¡Jess!
Nos fundimos en un abrazo. Hundo la cabeza en su hombro y empiezo a llorar sobre su impermeable.
Él se limita a abrazarme y pronunciar mi nombre.
No sé cuanto tiempo permanecemos así, pero al cabo de un rato escucho el chirrido del tren que regresa a Madrid. Imagino mis pies a las puertas. Me imagino a mí misma cruzándolas, entrando en el interior y marchándome de aquí. ¿Cómo he estado a punto de hacerlo?
-Prat... - susurro, separándome un poco con los ojos enrojecidos. - Quiero bailar.
Él sonríe, me agarra las manos y me insta a empezar.
-Quiero bailar. - repito. Y añado: - Bailar como la nieve.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Palabras en la tierra

Ella: Enséñame a escribir.
Él: No puedo hacer eso.
Ella: Claro que puedes.                                    
Él: No.
Ella: Venga. La A. Lo dijiste el otro día.
Él: No.
Ella: Me lo prometiste.
Él: Si te enseño a escribir... ¿te marcharás?
Ella: Pues claro que no, ¿por qué iba a hacerlo?
Él: Porque, a veces, pienso, que, lo único que te une a mí, es el ansia por aprender palabras.
Nos quedamos en silencio.
Él: Venga, dime una palabra que empiece por A.
Ella: Amor.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Nightmares

El niño de ojos oscuros me mira con suspicacia.
Está plantado bajo el marco de la puerta. A su osito de peluche le cuelga un peludo brazo rozando el suelo.
Aparto la mirada.
Todo esto me trae demasiados recuerdos.
Hace años, él mismo estuvo en esa posición. De pie, en medio de la puerta. Sonreía de tal manera que me hacia sentirme como un helado bajo el sol y, en lugar de un peluche, llevaba un rosa.
Cierro los ojos, echo la cabeza hacia atrás, apoyándola en el mullido sofá, y me aprieto más contra mí misma.
-Mamá, no puedo dormir.
Qué curioso. A ambos nos ocurre lo mismo. No puede dormir porque tiene miedo de que los monstruos de sus pesadillas vuelvan a aparecer. En mis sueños también hay monstruos.
Quizás no sean como los suyos, pero también me causan miedo.
Oigo cómo se acerca a pasos lentos y pausados sobre el parqué.
Un coche.
Una carretera.
Lluvia.
Aprieto los labios.
Son elementos que odio.
-¿Son las pesadillas? - le digo tomándolo entre los brazos cuando llega al sofá.
-Sí, mamá.
Abro los ojos y lo miro. Sus iris castaños me devuelven una mirada tierna y asustada. Le acaricio el rostro.
Es tan... Se le parece tanto...
-¿Y... qué ves esta vez?
-Un monstruo rosa de tres cabezas te arranca los brazos y después te lleva con él.
Asiento, sonriéndole, para infundirle cariño.
-Pero estoy aquí. No me iré. Y ningún monstruo de tres cabezas me llevará con él.
Me abraza con fuerza.
-¿Por qué no puedes dormir tú, mamá?
-También... - suspiro - tengo pesadillas.
-¿Hay monstruos rosas de tres cabezas?
Me río.
-No. Hay otras cosas.
-¿Cómo qué?
-Como... un coche.
-¿Te da miedo un coche?
-Sí.
-¿Por qué?
Me separo de él un poco, con una mueca de nostalgia en la cara.
-Porque hace cosas malas.
-¿Qué clase de cosas? ¿Qué hace?
Sé que me nota la preocupación en el rostro. Se inclina un poco y me limpia la lágrima.
-Matar a papá. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Imprisoned

-Coloque el dedo meñique sobre el cristal y rúlelo de esta forma. - el encargado me mira con cara de fastidio y ejecuta el movimiento que debo hacer yo.
-¿Por qué? - pregunto mientras lo imito. Esto no es normal. Cada cierto tiempo, el gobierno nos envía una carta pidiendo la revisión de nuestros disco y datos. Sé que he de presentar la huella dactilar del dedo índice, pero, ¿por qué de todos los dedos? ¿Pasa algo malo?
-Porque es así. No se discute a la ley. - masculla él frunciendo el labio.
-No discuto. - aparto el dedo de la pantalla y ésta se ilumina con un débil resplandor violáceo. - Sólo hago preguntas.
Quizás el gobierno nos prohíba discutir, pero está bien hacerse preguntas. El mismo sistema lo fomenta. Los humanos somos seres con curiosidad innata.
-No se hacen preguntas. - comenta el enjuto hombre mientras contemplamos cómo la enorme tela blanca se expande ante nuestros ojos para formar la pantalla en la que, en tan sólo cinco minutos, ambos contemplaremos a una velocidad de vértigo todos mis recuerdos. Para mí es una revisión más en la que rememorar el pasado, pero para el encargado es uno de sus múltiples análisis para la comprobación de que funciono correctamente, como debe ser.
Mi nombre es Dana. Trabajo en un centro educativo para niños que nacieron con problemas. A esos niños se les asigna un disco especial fabricado con un material al que llaman cóxel. Los pintan de un blanco brillante.
"Esta sociedad está muerta" ha dicho siempre mi madre. "No deberían hacer esto. Controlarnos a todos de esta forma"
Tiene razón.
Desde el primer momento que un niño nace, se le asigna un disco de veinticinco centímetros de diámetro fabricado con una aleación entre el hierro y el acero. El disco contiene en el interior un micro disco duro similar al que se le coloca al niño en la parte de atrás del cuello, para mantenerlos comunicados y que así se registre en la base de datos cada sensación, sentimiento, pensamiento y recuerdo de la persona.
Nadie se puede rebelar. Nadie puede decir nada contra el gobierno.
Con solo pensarlo, probablemente, estés muerto.
Hace unos meses, un niño del centro me confesó que su padre había blasfemado contra el sistema. Le mandé callar. Pero ambos discos lo habían grabado todo. Alguien en la cabina de control debió fijarse en nuestras palabras, porque aquel niño no volvió.
Trago saliva mientras observo nuevamente mi contrato matrimonial, en el que él y yo juntamos nuestros datos y discos, volviéndolos dorados, para simbolizar que estamos casados.
Cuando un niño nace, su disco es marrón tierra. Al cumplir los cinco años, cambia a violeta. Al cumplir los dieciocho, plateado. Y, si te casas, se vuelve dorado.
En el momento que mueres, se torna negro.
Contengo la respiración. Llega la parte en la que me harán preguntas.
Las imágenes en la pantalla llegan hasta el momento en que me separo de Zero para ir a investigar un poco el terreno.
Luego, el disco se detiene y la imagen se queda congelada. Mis ojos enfocan las cordilleras de más allá de la llanura.
El encargado se frota la barbilla, se gira y me mira.
-¿Y esto? El disco parece estar bien, ¿cómo es posible que se raye?
-No lo sé, señor.
Rham hizo un buen trabajo. Sabía qué cables cortar y qué lugares dañar.
El encargado me observa unos instantes antes de apartar el disco del enganche y examinarlo detenidamente.
Un hombre a su lado se acerca y se lo coge de entre las manos para abrirlo.
Me estremezco. Jamás había visto la apertura de un disco. Sólo quieren observarlo. Si lo destruyen, muero con él.
Hay un diminuto cuadradito de metal en el centro de la placa. 
"Ahí está mi vida" pienso con recelo "Ahí dentro. Metida. Cada minuto, cada segundo. Quiero destruirla."
 El disco vibra un poco como consecuencia de que ha registrado un nuevo pensamiento.
El encargado me mira. Si el disco está rayado en la parte final, no sabrá lo que he pensado. Eso es un alivio.
-Lo han hecho bien. - murmura escrutándome con su dura y fría mirada. - Se nota que quién lo dañó sabía lo que hacía. Pero es una forma de hacerlo un tanto primitiva. Nadie dentro de nuestro sistema sabría cómo hacerlo. ¿Tiene usted algo que decir, señorita?
Niego con la cabeza.
-¿No sabría por casualidad quién lo hizo?
"No pienses su nombre. No pienses su nombre"
El disco vibra de nuevo.
-No, señor.
El encargado asiente muchas veces con la cabeza antes de apretar fuertemente el disco entre las manos y levantarse.
"Tengo que irme. Ahora. Rham me ayudará a quitarme el microchip del cuello. Su padre es médico, sabrá como hacerlo y así, aunque destruyan el disco, no acabarán conmigo"
Rham pertenece a una colonia a la que llaman "La colonia de los Trece". No sé por qué ese nombre. Pero sí sé que son personas que han nacido y vivido en las montañas. Que ellas saben de los discos, pero no viven con ellos y que, por supuesto, son perseguidos por el gobierno. Por eso, si Zero o el sistema se entera de que me he enamorado de Rham, uno de ellos, o de que...
Sacudo la cabeza.
-Le enviarán un disco nuevo mañana, mientras reparamos este. Por supuesto, le tendrán que hacer las pruebas correspondientes.
-Sin problema. - sé que el encargado desconfía de mí y, por eso, quiere saber lo que pasaba a continuación, qué encontré en mi visión de las cordilleras.
Tengo veinticuatro horas para escapar. 
-No salga de casa en ese tiempo, ¿entendido? 
-Señor, tengo trabajo. Una de las maestras está en el hospital y vamos cortos de personal. No puedo dejar a los niños solos. 
-Enviaremos a algún sustituto, no se preocupen.
Asiento.
Se da la vuelta con el disco bajo el brazo.
-No salga de casa bajo ningún concepto. Podrían penalizarla como falta grave y eso traería graves consecuencias para usted. Además, es peligroso.
"Es peligroso para ustedes. Podría rebelarme mientras el disco no lo detectara, ¿verdad?"
El aparato vibra y el hombre se marcha.
-Es por aquí. - dice el ayudante a mi espalda. - La salida.
Tengo veinticuatro horas.
Un día completo para huir, reunirme con él en las montañas, hacer desaparecer el maldito microchip y salvar así la vida del hijo ilegal que crece en mis entrañas.