LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS

Estás aquí, pero te siento a mil años luz

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cinco centímetros por segundo

"Señores pasajeros, el tren con destino Madrid se aproxima por el andén nueve. Llegará dentro de dos minutos. Por favor, accedan con precaución hacia la zona de embarque"
Hundo la cabeza hasta la nariz en el suave cuello de lana de mi jersey.
Cuento los segundos en la mente. ¿O son los latidos del corazón?
Oigo el rechinar del tren contra las vías metálicas. La nieve cae lenta y grácilmente a mi alrededor, como si estuviese bailando. Una lágrima se congela en mi mejilla. 
"¿Veremos juntos el año que viene caer la nieve?
Siempre la veremos juntos"

Aprieto los dientes. Mentiroso.
La gente a mi alrededor comienza a movilizarse hacia las puertas abiertas del talgo que acaba de entrar en los andenes.
También las personas parecen bailar. Estoy en medio de un gran baile, una gran danza en la que a mí no se me permite moverme.
Jess!
Levanto la cabeza hacia arriba. Juraría que el cielo ha gritado mi nombre.
Jess!
No lo he imaginado, es real. Me separo un poco del resto de la gente, que camina atropelladamente repleta de maletas y abrigos. Levanto la cabeza y me giro en todas direcciones.
Jess!
-¿Prat?
Un hombre se gira hacia mí. No le hago caso.
-¿Prat, eres tú?
Hay una figura corriendo. Si no fuera por que el tiempo se detiene, estaría segura de que avanza a la velocidad de la luz. Impacta contra obstáculos en su camino, no estoy segura de si son carteles o personas. Una niña me empuja y, pronto, me encuentro sometida a la fuerza de una marea humana. Pero no lucho contra ello, tengo los ojos clavados en el chico que corre hacia mí.
-¡Prat! - alargo una mano. Mis dedos aún no le alcanzan. Es como si me encontrase a las puertas del cielo. - ¡Prat!
-¡Jess!
Nos fundimos en un abrazo. Hundo la cabeza en su hombro y empiezo a llorar sobre su impermeable.
Él se limita a abrazarme y pronunciar mi nombre.
No sé cuanto tiempo permanecemos así, pero al cabo de un rato escucho el chirrido del tren que regresa a Madrid. Imagino mis pies a las puertas. Me imagino a mí misma cruzándolas, entrando en el interior y marchándome de aquí. ¿Cómo he estado a punto de hacerlo?
-Prat... - susurro, separándome un poco con los ojos enrojecidos. - Quiero bailar.
Él sonríe, me agarra las manos y me insta a empezar.
-Quiero bailar. - repito. Y añado: - Bailar como la nieve.

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