Hoy me siento libre. Verdaderamente libre, para hacer lo que quiera, lo que me dé la gana. Saltar si es lo que me apetece, o atiborrarme a pastelillos de chocolate. ¡Anda, qué casualidad! ¿No era eso lo que hacía contigo cada vez que podía? Sentados en el sofá, frente a la ventana, observando el amanecer, y un enorme bizcocho de chocolate entre los dos. Sí, qué tiempos aquellos, ¿verdad?
¿Lo lamentas? ¿Lamentas su pérdida? ¿Sí? Yo creo que no. Por mucho que dijeses que te resultaba doloroso dejarme atrás, marcharte sin darte la vuelta, mientras me hundía bajo el peso del dolor, yo sé que no era cierto, porque lo olvidaste al día siguiente. Sé que, bajo esa fachada de un "Lo siento" mudo, había un "¡Por fin, soy libre!"
No te lo reprocho, yo también he ansiado tantas veces esta libertad. Saberme fuera de esa prisión que me provocaban tus cadenas cada noche. Sabiendo que cada lágrima que yo derramaba por ti, para ti era una copa más en cualquiera de los pubs perdidos en el barrio bajo de la ciudad.
Pero hoy ya no voy a ocultarme más. Aparto de un golpe las cortinas que me habían mantenido escondida, sola bajo un manto de llanto. Ahora puedo admirar por fin la calle, en todo su esplendor, todos sus colores, olores, todas sus personas y sus vidas. Por fin me siento segura de pisar el asfalto en busca de algo que muchos anhelan y pocos encuentran.
Pero, ¿sabes qué? Creo que ya estoy más cerca de encontrarlo, quizás solo un poquitín, pero para mí es suficiente. Ahora que me he librado del último rastro de dolor que se escondía tras mis iris apagados, estoy dispuesta a abandonarlo todo. Dejar atrás mi casa, lo que ha sido mi hogar y...cárcel. Dejar atrás a mis seres "queridos", que me abandonaron en el primer escalón que tropecé.
Y, por eso, querido Diego, quiero decirte, que hoy, esta hermosa mañana de Miércoles que cae 18 de Julio, me prendo la guitarra acústica a la espalda, cierro la puerta del piso y lanzo las llaves a la fuente del parque. Porque hoy comienza mi gran aventura. En la que lucharé por mi palacio en el cielo, hecho de jirones de sueños e ilusiones. Hoy, y sólo hoy, comienza un largo camino, que no sé a donde me llevará ni lo que encontraré en él, pero mi objetivo es seguro.
Voy en busca de algo que tú nunca me diste.
En busca de la felicidad.
LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS
Estás aquí, pero te siento a mil años luz
miércoles, 18 de julio de 2012
domingo, 15 de julio de 2012
Clannad
Nagisa...me dijiste que siempre estarías a mi lado.
Dijiste que siempre estaríamos juntos, ¿recuerdas?
Una y otra vez...
Nos lo prometiste a los dos.
Ese fue mi único sueño.
No me había pasado nada bueno hasta que te conocí.
Yo pensaba que tenía una vida de mierda.
Pero incluso alguien tan inútil como yo finalmente encontró algo por lo que vivir. ¿Verdad, Nagisa?
Nagisa...
¡Nagisa!
Dijiste que siempre estaríamos juntos, ¿recuerdas?
Una y otra vez...
Nos lo prometiste a los dos.
Ese fue mi único sueño.
No me había pasado nada bueno hasta que te conocí.
Yo pensaba que tenía una vida de mierda.
Pero incluso alguien tan inútil como yo finalmente encontró algo por lo que vivir. ¿Verdad, Nagisa?
Nagisa...
¡Nagisa!
viernes, 13 de julio de 2012
Hundida
Alza la espada con decisión, apuntándole directamente.
Él retrocede, indeciso. Por nada del mundo va a hacerle daño, pero ella... la oscuridad que baña sus ojos sepulta cualquier sentimiento que pueda aflorar de su alma.
Ella se acerca, dispuesta a atacar a su oponente, el hombre por el que, días antes, habría dado su vida. Pero las cosas han cambiado. Suspira resignadamente y lo mira inhumanamente. Su voz no tiembla ni un ápice cuando dice con una voz fría y oscura:
lunes, 9 de julio de 2012
Sola
Noto como me agarras por la cintura para lanzarme a la piscina con toda tu fuerza posible. Forcejeo débilmente porque, en realidad, no quiero que me sueltes, quiero mantenerme así, apretada contra ti, cuanto más cerca mejor, mientras el agua nos engulle hasta sus más profundas entrañas, alejándonos del mundo exterior, solos, tú y yo.
No puedo evitar de sonreír, porque mi corazón explota de alegría al saber que por fin te has decidido a hablarme, es más, lo has hecho de una forma tan dulce y tierna que me ha costado mantenerme en pie mientras me saludabas. Sin embargo, una parte de mi ser no puede evitar aterrorizarse, y la entiendo.
Ojalá pudiera gritarte a la cara todo lo que he tenido que soportar los últimos meses, todas las lágrimas que me he tragado en tu cara para luego empapar la almohada, todas las veces que he mirado esa foto, esa única foto que la poca resolución de mi móvil no ha sido capaz de captar con total claridad, y, sin embargo, sé que eres tú, porque, en aquellos momentos, me engañaste con tus encantos y con manos temblorosas, obtuve un retrato tuyo, para mirarlo cada noche y desearle felices sueños antes de dormir, y...antes de llorar amargamente.
Conmigo agarrada con un brazo, como si fuese peso pluma, te lanzas a la piscina con toda la energía que tus piernas son capaces de desprender. Y, en esos segundos eternos en los que vuelo contigo, siento como, dentro de mi corazón, la muralla que me ha costado tanto erigir, esa que, cada vez que trataba de construirla, aparecías tú y la obra tenía que comenzar de nuevo, se destruye. Hasta que la hice fuerte y sólida. Creía haber sido una buena albañil, que mis ladrillos estaban hechos a prueba de ti, pero ya veo que no, porque, en el momento que nos hundimos en el agua helada, de ella no quedan más que un puñado de ruinas.
Me río bajo el agua, quizá, ahora que he perdido la muralla, podamos comenzar otra vez y esto salga bien.
El cloro me impide ver bien, pero abro los ojos y te busco bajo el agua, para devolverte la jugada, para hundirte. No más que un juego de niños.
No te encuentro y salgo a la superficie a coger aire para después abalanzarme sobre ti. Me giro en todas direcciones y no te encuentro, me doy entonces la vuelta y te veo, en el otro extremo de la piscina, mirando con una sonrisa el fondo del agua, así pues, ya me has olvidado para hundir a otra persona. Aunque un pinchazo hace sangrar mi corazón, no me rindo, ahora te puedo pillar desprevenido. Corro contra la fuerza del agua, haciendo todo el esfuerzo posible por alcanzarte. Te veo ya muy cerca, estás aquí, a un roce de mis dedos.
No te has dado cuenta de que pienso agarrarte del brazo para hundirte hasta el fondo. Mis dedos se estiran, mi sonrisa se amplía.
Pero, cuando voy a rozarte, algo me detiene.
Mis dedos se quedan a un milímetro de tu piel, sé que desean con todas sus fuerzas tocarte, sentir esa chispa eléctrica que me transmite tu contacto. Pero los obligo a encogerse, a apretarse y a cerrarse en torno a mi palma.
Ella sale del agua y te maldice con una sonrisa en los labios, luego intenta hundirte, como pensaba hacer yo, y no lo logra, porque tú la has agarrado por la muñeca para que no pueda moverse, pero no lo haces con fuerza, la coges con suavidad, sin hacerle ningún daño, vuestros rostros están muy cerca, os reís, como si no existiera nada más que vosotros dos en el mundo.
Un mundo que a mí se me derrumba a los pies.
Me voy haciendo cada vez más para atrás, no quiero que se den cuenta de que los estoy mirando.Pero no puedo evitar llorar. Mi muralla se ha destruido al completo, mi corazón está más débil que nunca, porque no esperaba ese ataque sin defensa, por eso soy incapaz de controlar el dolor y tengo que hundir la cabeza en el agua para que mis lágrimas se pierdan en la inmensidad de la piscina.
Creo que nadie me ha visto, por eso me sorprendo al salir del agua y ver a uno de mis amigos tendiéndome la mano, muy serio. Mis ojos están rojos.
-No tienes por qué llorar. - susurra, sin embargo, su potente voz suena por encima de todo el jaleo.
Quiero decirle que es culpa del cloro, que me daña los ojos, pero no sirve de nada, porque la sonrisa que he tratado de crear se quiebra en una mueca de sufrimiento y tengo que abalanzarme sobre él, porque no soporto este dolor más, no puedo llevar esta carga a cuestas tanto tiempo, yo sola.
Nadie se da cuenta de lo que ocurre y...
...él responde a mi abrazo en silencio.
martes, 3 de julio de 2012
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