El vaivén del TRAM me marea. Me hace sentir esas extrañas mariposas en el estómago que tanto adoro. Hace tiempo que no las siento, mucho tiempo, de hecho. Quizá el hecho de viajar en TRAM sea sólo una excusa más para sentirme mejor, para sentir que el amor existe, aún cuando a mí no quiere conocerme.
La noche cae al otro lado de la ventanilla. A la lluvia le asusta la oscuridad. Pega sus fluviosas manos en el cristal y me pide ayuda. Lo siento, gotas, no podéis pasar, vuestro destino es morir contra el suelo. O contra lo que sea. Contra la ventanilla de este tranvía.
El transporte se para por enésima vez. Aún faltan varias paradas para llegar a la ciudad, a casa. Pero no corre prisa. Hoy no.
Entran un par de ancianos seguidos de un chaval joven. Los examino mientras se acomodan en los asientos de plástico azul. El chico parece perdido, como buscando algo.
Lo miro disimuladamente. Él posa sus ojos en mí y luego en el asiento vacío a mi lado. Me ruborizo sin quererlo, pero no me pide permiso para sentarse. ¿Por qué habría de hacerlo? No soy dueña del sillón.
El chico me mira un par de veces y luego pierde sus chispeantes ojos verdosos en la pared final del vehículo.
Yo lo miro unos segundos.
"Parece llover en sus ojos"
Me giro hacia la ventanilla de nuevo.
-¿Alguna vez has pensado que tu vida es una mierda?
Lo contemplo anonadada.
-¿Eh? - es lo único que soy capaz de articular.
Me mira seriamente. Definitivamente, hasta la lluvia de fuera quedaría reducida a añicos con sólo ver la tormenta que se desata en sus iris.
-Que si alguna vez has pensado que tu vida es una mierda.
Me parece un poco descarado el hacerle esa pregunta a una desconocida, pero, aún así, la respondo.
-Casi siempre lo pienso. - es cierto.
Se deja caer contra el respaldo. Esboza una débil sonrisa.
-Creía que era el único.
Cuando el TRAM llega a Alicante, el chico y yo hemos contado nuestras pordioseras vidas en apenas veinte minutos. Bajamos en la misma parada y nos despedimos en la puerta.
Aún me giro unos minutos para mirarlo. Él también me está mirando. Nos detenemos y nos estudiamos mutuamente.
Ya no estoy en el TRAM. No estoy en un "simulador".
Las mariposas del estómago, son reales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario