-Coloque el dedo meñique sobre el cristal y rúlelo de esta forma. - el encargado me mira con cara de fastidio y ejecuta el movimiento que debo hacer yo.
-¿Por qué? - pregunto mientras lo imito. Esto no es normal. Cada cierto tiempo, el gobierno nos envía una carta pidiendo la revisión de nuestros disco y datos. Sé que he de presentar la huella dactilar del dedo índice, pero, ¿por qué de todos los dedos? ¿Pasa algo malo?
-Porque es así. No se discute a la ley. - masculla él frunciendo el labio.
-No discuto. - aparto el dedo de la pantalla y ésta se ilumina con un débil resplandor violáceo. - Sólo hago preguntas.
Quizás el gobierno nos prohíba discutir, pero está bien hacerse preguntas. El mismo sistema lo fomenta. Los humanos somos seres con curiosidad innata.
-No se hacen preguntas. - comenta el enjuto hombre mientras contemplamos cómo la enorme tela blanca se expande ante nuestros ojos para formar la pantalla en la que, en tan sólo cinco minutos, ambos contemplaremos a una velocidad de vértigo todos mis recuerdos. Para mí es una revisión más en la que rememorar el pasado, pero para el encargado es uno de sus múltiples análisis para la comprobación de que funciono correctamente, como debe ser.
Mi nombre es Dana. Trabajo en un centro educativo para niños que nacieron con problemas. A esos niños se les asigna un disco especial fabricado con un material al que llaman cóxel. Los pintan de un blanco brillante.
"Esta sociedad está muerta" ha dicho siempre mi madre. "No deberían hacer esto. Controlarnos a todos de esta forma"
Tiene razón.
Desde el primer momento que un niño nace, se le asigna un disco de veinticinco centímetros de diámetro fabricado con una aleación entre el hierro y el acero. El disco contiene en el interior un micro disco duro similar al que se le coloca al niño en la parte de atrás del cuello, para mantenerlos comunicados y que así se registre en la base de datos cada sensación, sentimiento, pensamiento y recuerdo de la persona.
Nadie se puede rebelar. Nadie puede decir nada contra el gobierno.
Con solo pensarlo, probablemente, estés muerto.
Hace unos meses, un niño del centro me confesó que su padre había blasfemado contra el sistema. Le mandé callar. Pero ambos discos lo habían grabado todo. Alguien en la cabina de control debió fijarse en nuestras palabras, porque aquel niño no volvió.
Trago saliva mientras observo nuevamente mi contrato matrimonial, en el que él y yo juntamos nuestros datos y discos, volviéndolos dorados, para simbolizar que estamos casados.
Cuando un niño nace, su disco es marrón tierra. Al cumplir los cinco años, cambia a violeta. Al cumplir los dieciocho, plateado. Y, si te casas, se vuelve dorado.
En el momento que mueres, se torna negro.
Contengo la respiración. Llega la parte en la que me harán preguntas.
Las imágenes en la pantalla llegan hasta el momento en que me separo de Zero para ir a investigar un poco el terreno.
Luego, el disco se detiene y la imagen se queda congelada. Mis ojos enfocan las cordilleras de más allá de la llanura.
El encargado se frota la barbilla, se gira y me mira.
-¿Y esto? El disco parece estar bien, ¿cómo es posible que se raye?
-No lo sé, señor.
Rham hizo un buen trabajo. Sabía qué cables cortar y qué lugares dañar.
El encargado me observa unos instantes antes de apartar el disco del enganche y examinarlo detenidamente.
Un hombre a su lado se acerca y se lo coge de entre las manos para abrirlo.
Me estremezco. Jamás había visto la apertura de un disco. Sólo quieren observarlo. Si lo destruyen, muero con él.
Hay un diminuto cuadradito de metal en el centro de la placa.
"Ahí está mi vida" pienso con recelo "Ahí dentro. Metida. Cada minuto, cada segundo. Quiero destruirla."
El disco vibra un poco como consecuencia de que ha registrado un nuevo pensamiento.
El encargado me mira. Si el disco está rayado en la parte final, no sabrá lo que he pensado. Eso es un alivio.
-Lo han hecho bien. - murmura escrutándome con su dura y fría mirada. - Se nota que quién lo dañó sabía lo que hacía. Pero es una forma de hacerlo un tanto primitiva. Nadie dentro de nuestro sistema sabría cómo hacerlo. ¿Tiene usted algo que decir, señorita?
Niego con la cabeza.
-¿No sabría por casualidad quién lo hizo?
"No pienses su nombre. No pienses su nombre"
El disco vibra de nuevo.
-No, señor.
El encargado asiente muchas veces con la cabeza antes de apretar fuertemente el disco entre las manos y levantarse.
"Tengo que irme. Ahora. Rham me ayudará a quitarme el microchip del cuello. Su padre es médico, sabrá como hacerlo y así, aunque destruyan el disco, no acabarán conmigo"
Rham pertenece a una colonia a la que llaman "La colonia de los Trece". No sé por qué ese nombre. Pero sí sé que son personas que han nacido y vivido en las montañas. Que ellas saben de los discos, pero no viven con ellos y que, por supuesto, son perseguidos por el gobierno. Por eso, si Zero o el sistema se entera de que me he enamorado de Rham, uno de ellos, o de que...
Sacudo la cabeza.
-Le enviarán un disco nuevo mañana, mientras reparamos este. Por supuesto, le tendrán que hacer las pruebas correspondientes.
-Sin problema. - sé que el encargado desconfía de mí y, por eso, quiere saber lo que pasaba a continuación, qué encontré en mi visión de las cordilleras.
Tengo veinticuatro horas para escapar.
-No salga de casa en ese tiempo, ¿entendido?
-Señor, tengo trabajo. Una de las maestras está en el hospital y vamos cortos de personal. No puedo dejar a los niños solos.
-Enviaremos a algún sustituto, no se preocupen.
Asiento.
Se da la vuelta con el disco bajo el brazo.
-No salga de casa bajo ningún concepto. Podrían penalizarla como falta grave y eso traería graves consecuencias para usted. Además, es peligroso.
"Es peligroso para ustedes. Podría rebelarme mientras el disco no lo detectara, ¿verdad?"
El aparato vibra y el hombre se marcha.
-Es por aquí. - dice el ayudante a mi espalda. - La salida.
Tengo veinticuatro horas.
Un día completo para huir, reunirme con él en las montañas, hacer desaparecer el maldito microchip y salvar así la vida del hijo ilegal que crece en mis entrañas.

Pequeña, tus entradas me sorprenden cada día, es impresionante todas las cosas qu pasan por tu mente, un mundo así, repleto de vigilantes que observan cada minuto de nuestra vida, sería imposible de vivir, necesitariamos esa libertad al menos de pensamientos, te quiero mucho, me ha encantado <3
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