Le veo estas palabras grabadas a fuego en el rostro al entrar en la cabina. Me apretujo contra el cristal y exhalo aliento sobre él, quizá para intentar borrar la decepción en el rostro de la única persona a la que soy capaz de mirar a la cara.
Se sienta, pero yo permanezco de pie, pegado al vaho.
-Siéntate. - no le hago caso y no repite la orden.
-¡¿Dónde está?! - lo digo tan fuerte que varios presos más se giran para mirarme.
Baja la cabeza y yo la bajo con él, intentando cruzar nuestras miradas, pero a través de un escaparate.
-No va a
-¡¿Qué?! - esta vez grito sin importar quién me escuche.
Aprieta los labios.
-Cree que...
-¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Cree qué?! - trago saliva porque se me ha quedado la garganta seca.
-Cree que... te mereces a alguien mejor que
-¡NO! - ahí está. Su fría y dolida mirada de ojos azules que me atraviesa. Dice la verdad. Probablemente le ha prometido que me transmitiría este mensaje. Quizá ella no soportaría mi reacción, pero él, ¿es capaz de soportarla él?
No despega los ojos de mí mientras me estampo contra el cristal una y otra vez. Mientras lo ataco, con uñas y dientes y grito, rajándome las cuerdas vocales, tratando de desgarrar el mundo, un mundo donde no está ella.
Un par de guardias consiguen calmarme y me alejan de la ventanilla.
-¡No! - repito. - ¡Iván, Iván, sácame de aquí! ¡Tengo que verla! ¡Tengo que
Ahora sí. Sus ojos de hielo se posan en el suelo. Pero no me hace falta mirarle para oír lo que dice.
Ni siquiera necesito que el mundo deje de girar, enmudeciéndose, para escuchar el suave y susurrante halo gélido que emana de sus labios. Porque lo hace. El mundo se detiene.
-Está embarazada. - susurra, y no me da tiempo a sonreír. - Voy a ser

