LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS

Estás aquí, pero te siento a mil años luz

sábado, 29 de septiembre de 2012

El amor sí tiene medida

nosotros lo contamos en minutos y kilómetros

viernes, 28 de septiembre de 2012

Just fall down

Los arces se inclinan hacia mí. Todo el asfalto, y la tierra, y los pájaros, se detienen a mirar.
El tiempo decide retrasar sus segundos para observarme. El sol colapsa su ciclo, anhelante.
El rayo de luz me alcanza.
Mis párpados cerrados lo perciben. Pero no me atrevo a levantarlos.
Manténte quieta, un poco más. Sólo un poco más.
¿Luz?
¿Por qué hay luz?
Respiro. Vuelvo a respirar. Y el mundo se traga mi respiración.
Esa no es la pregunta correcta.
Una suave brisa me alcanza y tira de las apelmazadas hebras que forman mi cabello.
¿Por qué,
si hay luz,
yo aún
pertenezco

la
oscuridad
?

lunes, 24 de septiembre de 2012

Holes in soul

-Me enseñaste a ganar, ¿no es así?
A crecer, a observar, a aprender, a sonreír.
¿Por qué eres tú el que se rinde ahora?
¿Por qué tú? ¿Por qué tú y no yo?
¿No era yo la débil? ¿No era yo la que lloraba?
-Nana... tú nunca fuiste débil, siempre... siemp-siempre fuiste la más valiente de los dos.
-No... No. ¡No! ¡¿No lo entiendes?! ¡Si te vas, si te vas.... ¿qué será de mí?!
-Sé que siempre te alzarás. Sé que, aunque estés triste, te levantarás y le sonreirás al mundo, era eso lo que te enseñé, ¿verdad?
-No. No sin ti. Nunca. Nunca más.
-Oye... Na-Nana..., cuando yo...
-¡No! ¡No lo digas, no lo quiero oír!  
-Pero tienes que saberlo. Debes saberlo.
-¡No!
-Nana... llegará un momento en que...
-¡No! No, por favor...
-...moriré.                                                                         
-¡No! ¡Mientes!
-Nana, sabes que no.
-¡Eres un mentiroso!
-(suspira) Venga, Nana, ¿qué tal si contamos nuestra historia?
-(solloza) ¿A quién?
-A todo. Al mundo, a las paredes, a las nubes, a la hierba, todo quedará grabado, venga, empieza tú.
-(Silencio)
-Está bien, Nana. Lo haré yo.
-(Silencio)
-Llegué nuevo al instituto el catorce de septiembre, ¿recuerdas?
-(Silencio)
-Y me recibió una maravillosa chica salida de la nada.
"Escuchar a Paul contar nuestra historia. Verle sonreír aún postrado en una cama de hospital. Siendo fuerte por los dos... es lo que más me demuestra que es un mentiroso. ¿Por qué se empeña en hacerme fuerte? los dos sabemos que no soy capaz de eso. Los dos sabemos que, si yo caigo, no me incorporo, que necesito de su mano para hacerlo. Pero... cuando esa mano no esté, ¿me quedaré oculta en algún agujero negro? ¿Veré pasar la vida ante mis ojos como fotogramas de una película?"
-... fue cuando me animé a decirte hola, al lado de la máquina de snacks, llevabas esas zapatillas tan graciosas...
"¿Por qué, Paul, por qué? No sigas haciendo esto. No sigas luchando. Tú te has retirado, ahora es mi batalla. Deja que la pierda yo sola. No acabes así, de esta forma. Paul... Paul. ¡Paul! ¡Por favor, por favor!"
-(Sollozo)
-... me ayudaste a llevar la mochila cuando lo necesité. (sonrisa torcida)
-(Llanto)
-Me había hecho un feo esguince, pero... ¿quién estaba ahí? (sonrisa amplia)
-(Lágrimas desesperadas)
-Nana, por supuesto. (sonrisa amarga)
-(Grito)
"Así que ese es tu plan. Quieres morir dejando constancia de que existimos, de que no fuimos dos piezas más de un juego de dioses, que éramos libres. Quizá diminutos, poco importantes, pero estábamos ahí, juntos, felices. Teníamos una vida. Una historia."
Paul cuenta él solo nuestra historia. Lo escucho toda la noche con la oreja pegada junto a su pecho. Cuento los latidos de su corazón, el vaivén de su pecho débil.
Lo escucho, hasta que deja de respirar.

sábado, 22 de septiembre de 2012

You´re my teddy

Caer. Levantarse. ¿Qué diferencia hay?
Caer es levantarse hacia la tierra.
Levantarse, es caer hacia el cielo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cinco centímetros por segundo

"Señores pasajeros, el tren con destino Madrid se aproxima por el andén nueve. Llegará dentro de dos minutos. Por favor, accedan con precaución hacia la zona de embarque"
Hundo la cabeza hasta la nariz en el suave cuello de lana de mi jersey.
Cuento los segundos en la mente. ¿O son los latidos del corazón?
Oigo el rechinar del tren contra las vías metálicas. La nieve cae lenta y grácilmente a mi alrededor, como si estuviese bailando. Una lágrima se congela en mi mejilla. 
"¿Veremos juntos el año que viene caer la nieve?
Siempre la veremos juntos"

Aprieto los dientes. Mentiroso.
La gente a mi alrededor comienza a movilizarse hacia las puertas abiertas del talgo que acaba de entrar en los andenes.
También las personas parecen bailar. Estoy en medio de un gran baile, una gran danza en la que a mí no se me permite moverme.
Jess!
Levanto la cabeza hacia arriba. Juraría que el cielo ha gritado mi nombre.
Jess!
No lo he imaginado, es real. Me separo un poco del resto de la gente, que camina atropelladamente repleta de maletas y abrigos. Levanto la cabeza y me giro en todas direcciones.
Jess!
-¿Prat?
Un hombre se gira hacia mí. No le hago caso.
-¿Prat, eres tú?
Hay una figura corriendo. Si no fuera por que el tiempo se detiene, estaría segura de que avanza a la velocidad de la luz. Impacta contra obstáculos en su camino, no estoy segura de si son carteles o personas. Una niña me empuja y, pronto, me encuentro sometida a la fuerza de una marea humana. Pero no lucho contra ello, tengo los ojos clavados en el chico que corre hacia mí.
-¡Prat! - alargo una mano. Mis dedos aún no le alcanzan. Es como si me encontrase a las puertas del cielo. - ¡Prat!
-¡Jess!
Nos fundimos en un abrazo. Hundo la cabeza en su hombro y empiezo a llorar sobre su impermeable.
Él se limita a abrazarme y pronunciar mi nombre.
No sé cuanto tiempo permanecemos así, pero al cabo de un rato escucho el chirrido del tren que regresa a Madrid. Imagino mis pies a las puertas. Me imagino a mí misma cruzándolas, entrando en el interior y marchándome de aquí. ¿Cómo he estado a punto de hacerlo?
-Prat... - susurro, separándome un poco con los ojos enrojecidos. - Quiero bailar.
Él sonríe, me agarra las manos y me insta a empezar.
-Quiero bailar. - repito. Y añado: - Bailar como la nieve.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Palabras en la tierra

Ella: Enséñame a escribir.
Él: No puedo hacer eso.
Ella: Claro que puedes.                                    
Él: No.
Ella: Venga. La A. Lo dijiste el otro día.
Él: No.
Ella: Me lo prometiste.
Él: Si te enseño a escribir... ¿te marcharás?
Ella: Pues claro que no, ¿por qué iba a hacerlo?
Él: Porque, a veces, pienso, que, lo único que te une a mí, es el ansia por aprender palabras.
Nos quedamos en silencio.
Él: Venga, dime una palabra que empiece por A.
Ella: Amor.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Nightmares

El niño de ojos oscuros me mira con suspicacia.
Está plantado bajo el marco de la puerta. A su osito de peluche le cuelga un peludo brazo rozando el suelo.
Aparto la mirada.
Todo esto me trae demasiados recuerdos.
Hace años, él mismo estuvo en esa posición. De pie, en medio de la puerta. Sonreía de tal manera que me hacia sentirme como un helado bajo el sol y, en lugar de un peluche, llevaba un rosa.
Cierro los ojos, echo la cabeza hacia atrás, apoyándola en el mullido sofá, y me aprieto más contra mí misma.
-Mamá, no puedo dormir.
Qué curioso. A ambos nos ocurre lo mismo. No puede dormir porque tiene miedo de que los monstruos de sus pesadillas vuelvan a aparecer. En mis sueños también hay monstruos.
Quizás no sean como los suyos, pero también me causan miedo.
Oigo cómo se acerca a pasos lentos y pausados sobre el parqué.
Un coche.
Una carretera.
Lluvia.
Aprieto los labios.
Son elementos que odio.
-¿Son las pesadillas? - le digo tomándolo entre los brazos cuando llega al sofá.
-Sí, mamá.
Abro los ojos y lo miro. Sus iris castaños me devuelven una mirada tierna y asustada. Le acaricio el rostro.
Es tan... Se le parece tanto...
-¿Y... qué ves esta vez?
-Un monstruo rosa de tres cabezas te arranca los brazos y después te lleva con él.
Asiento, sonriéndole, para infundirle cariño.
-Pero estoy aquí. No me iré. Y ningún monstruo de tres cabezas me llevará con él.
Me abraza con fuerza.
-¿Por qué no puedes dormir tú, mamá?
-También... - suspiro - tengo pesadillas.
-¿Hay monstruos rosas de tres cabezas?
Me río.
-No. Hay otras cosas.
-¿Cómo qué?
-Como... un coche.
-¿Te da miedo un coche?
-Sí.
-¿Por qué?
Me separo de él un poco, con una mueca de nostalgia en la cara.
-Porque hace cosas malas.
-¿Qué clase de cosas? ¿Qué hace?
Sé que me nota la preocupación en el rostro. Se inclina un poco y me limpia la lágrima.
-Matar a papá. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Imprisoned

-Coloque el dedo meñique sobre el cristal y rúlelo de esta forma. - el encargado me mira con cara de fastidio y ejecuta el movimiento que debo hacer yo.
-¿Por qué? - pregunto mientras lo imito. Esto no es normal. Cada cierto tiempo, el gobierno nos envía una carta pidiendo la revisión de nuestros disco y datos. Sé que he de presentar la huella dactilar del dedo índice, pero, ¿por qué de todos los dedos? ¿Pasa algo malo?
-Porque es así. No se discute a la ley. - masculla él frunciendo el labio.
-No discuto. - aparto el dedo de la pantalla y ésta se ilumina con un débil resplandor violáceo. - Sólo hago preguntas.
Quizás el gobierno nos prohíba discutir, pero está bien hacerse preguntas. El mismo sistema lo fomenta. Los humanos somos seres con curiosidad innata.
-No se hacen preguntas. - comenta el enjuto hombre mientras contemplamos cómo la enorme tela blanca se expande ante nuestros ojos para formar la pantalla en la que, en tan sólo cinco minutos, ambos contemplaremos a una velocidad de vértigo todos mis recuerdos. Para mí es una revisión más en la que rememorar el pasado, pero para el encargado es uno de sus múltiples análisis para la comprobación de que funciono correctamente, como debe ser.
Mi nombre es Dana. Trabajo en un centro educativo para niños que nacieron con problemas. A esos niños se les asigna un disco especial fabricado con un material al que llaman cóxel. Los pintan de un blanco brillante.
"Esta sociedad está muerta" ha dicho siempre mi madre. "No deberían hacer esto. Controlarnos a todos de esta forma"
Tiene razón.
Desde el primer momento que un niño nace, se le asigna un disco de veinticinco centímetros de diámetro fabricado con una aleación entre el hierro y el acero. El disco contiene en el interior un micro disco duro similar al que se le coloca al niño en la parte de atrás del cuello, para mantenerlos comunicados y que así se registre en la base de datos cada sensación, sentimiento, pensamiento y recuerdo de la persona.
Nadie se puede rebelar. Nadie puede decir nada contra el gobierno.
Con solo pensarlo, probablemente, estés muerto.
Hace unos meses, un niño del centro me confesó que su padre había blasfemado contra el sistema. Le mandé callar. Pero ambos discos lo habían grabado todo. Alguien en la cabina de control debió fijarse en nuestras palabras, porque aquel niño no volvió.
Trago saliva mientras observo nuevamente mi contrato matrimonial, en el que él y yo juntamos nuestros datos y discos, volviéndolos dorados, para simbolizar que estamos casados.
Cuando un niño nace, su disco es marrón tierra. Al cumplir los cinco años, cambia a violeta. Al cumplir los dieciocho, plateado. Y, si te casas, se vuelve dorado.
En el momento que mueres, se torna negro.
Contengo la respiración. Llega la parte en la que me harán preguntas.
Las imágenes en la pantalla llegan hasta el momento en que me separo de Zero para ir a investigar un poco el terreno.
Luego, el disco se detiene y la imagen se queda congelada. Mis ojos enfocan las cordilleras de más allá de la llanura.
El encargado se frota la barbilla, se gira y me mira.
-¿Y esto? El disco parece estar bien, ¿cómo es posible que se raye?
-No lo sé, señor.
Rham hizo un buen trabajo. Sabía qué cables cortar y qué lugares dañar.
El encargado me observa unos instantes antes de apartar el disco del enganche y examinarlo detenidamente.
Un hombre a su lado se acerca y se lo coge de entre las manos para abrirlo.
Me estremezco. Jamás había visto la apertura de un disco. Sólo quieren observarlo. Si lo destruyen, muero con él.
Hay un diminuto cuadradito de metal en el centro de la placa. 
"Ahí está mi vida" pienso con recelo "Ahí dentro. Metida. Cada minuto, cada segundo. Quiero destruirla."
 El disco vibra un poco como consecuencia de que ha registrado un nuevo pensamiento.
El encargado me mira. Si el disco está rayado en la parte final, no sabrá lo que he pensado. Eso es un alivio.
-Lo han hecho bien. - murmura escrutándome con su dura y fría mirada. - Se nota que quién lo dañó sabía lo que hacía. Pero es una forma de hacerlo un tanto primitiva. Nadie dentro de nuestro sistema sabría cómo hacerlo. ¿Tiene usted algo que decir, señorita?
Niego con la cabeza.
-¿No sabría por casualidad quién lo hizo?
"No pienses su nombre. No pienses su nombre"
El disco vibra de nuevo.
-No, señor.
El encargado asiente muchas veces con la cabeza antes de apretar fuertemente el disco entre las manos y levantarse.
"Tengo que irme. Ahora. Rham me ayudará a quitarme el microchip del cuello. Su padre es médico, sabrá como hacerlo y así, aunque destruyan el disco, no acabarán conmigo"
Rham pertenece a una colonia a la que llaman "La colonia de los Trece". No sé por qué ese nombre. Pero sí sé que son personas que han nacido y vivido en las montañas. Que ellas saben de los discos, pero no viven con ellos y que, por supuesto, son perseguidos por el gobierno. Por eso, si Zero o el sistema se entera de que me he enamorado de Rham, uno de ellos, o de que...
Sacudo la cabeza.
-Le enviarán un disco nuevo mañana, mientras reparamos este. Por supuesto, le tendrán que hacer las pruebas correspondientes.
-Sin problema. - sé que el encargado desconfía de mí y, por eso, quiere saber lo que pasaba a continuación, qué encontré en mi visión de las cordilleras.
Tengo veinticuatro horas para escapar. 
-No salga de casa en ese tiempo, ¿entendido? 
-Señor, tengo trabajo. Una de las maestras está en el hospital y vamos cortos de personal. No puedo dejar a los niños solos. 
-Enviaremos a algún sustituto, no se preocupen.
Asiento.
Se da la vuelta con el disco bajo el brazo.
-No salga de casa bajo ningún concepto. Podrían penalizarla como falta grave y eso traería graves consecuencias para usted. Además, es peligroso.
"Es peligroso para ustedes. Podría rebelarme mientras el disco no lo detectara, ¿verdad?"
El aparato vibra y el hombre se marcha.
-Es por aquí. - dice el ayudante a mi espalda. - La salida.
Tengo veinticuatro horas.
Un día completo para huir, reunirme con él en las montañas, hacer desaparecer el maldito microchip y salvar así la vida del hijo ilegal que crece en mis entrañas.

martes, 4 de septiembre de 2012

Whispers

-A veces, creo que la tierra me habla.
Se pega más a mí, buscando calor en este gélido invierno.
-¿Y qué te dice?
Elevo la mirada a las copas de los árboles. El rocío se ha instalado en las débiles y decoloradas hojitas y ha tomado forma de diminutas estalactitas que amenazan con caérsenos encima de un momento a otro.
-Me susurra palabras.
-¿Palabras?
Lo miro mientras asiento. Sus brillantes ojos azules me dicen que está conmigo, que no se marchará, pase lo que pase. Me acerco un poco más a él, de manera que nuestros ardientes alientos se posan sobre el rostro del otro.
Lo miro unos instantes antes de aproximarme a su oído y decir en voz tan baja que casi no me escucho:
-La nieve lo cubre
 la nieve lo derrite
 el fuego palpitante en tu corazón permanecerá helado durante su invierno
 pero las llamas volarán hasta el mar 
y lo ahogarán en cenizas.
Le oigo contener el aliento mientras me separo para volver a mirarle.
-¿La tierra te dijo eso?
Asiento.
Me abraza con fuerza y el fuego palpitante en su corazón me envuelve como un abrigo. Huele a bosque y agua. Un agua pura y cristalina.
-¿Qué significa? - pregunta.
-No lo sé. - musito. - Pero me gusta.
-A mí también. - me aprieta más contra sí.
Nos quedamos un rato así, en silencio. Oigo nuestros corazones bajo tantas capas de abrigo y piel. Los oigo palpitar tan fuerte, luchando por ir a un mismo ritmo, siguiendo un compás, que parecen un conjunto de tambores.
Él respira. Yo respiro. El aire entra en nosotros y congela nuestras entrañas y corazones, dejando que el invierno nos mate por dentro.
Cuando la noche caiga sobre el bosque, probablemente, no quedará nada de nosotros. Nuestros cuerpos serán dos carámbanos de hielo formando parte del medio, como dos pequeños montones de nieve blanca y resplandeciente que ha caído desde un árbol.
Aprieto las manos contra su abrigo.
Cierro los ojos.
Suspiro.
-Me recuerda a ti. - susurro. - Tú eres como el invierno. Blanco y azul. Pero, en el fondo, hay un intenso fuego inundándote por dentro.
Sé que está sonriendo.
Y sé que su sonrisa es amarga.
Me coge de las manos para mirarme a la cara.
-Cuando todo acabe, te cogeré de la mano y volaremos hasta el mar para ahogarlo en cenizas. - cierra los ojos y apoya su frente en la mía.
Nuestras palabras se pierden en la inmensidad del suelo y los árboles. Vuelan a nuestro alrededor y escapan entre los resquicios que deja la frondosa vegetación. Cuando se marchan todas y cada una de ellas, tal y como han salido de nuestros labios, el silencio lo baña todo.
Pero no me molesta.
Ya he dicho todo lo que tenía que decir.
Sé que la muerte me encontrará así, apretada contra él, escuchando sólo los latidos de nuestros corazones. Y, en el momento que éstos se detengan, sé que habrán acabado con su canción al compás, en el momento justo. Y sé que después, la nieve nos cubrirá para siempre, pero ya estaremos muy lejos. 
Danzando entre el sol y las estrellas y buscando un mar al que robarle el agua.