LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS

Estás aquí, pero te siento a mil años luz

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pasado, presente, futuro

Ella se detuvo. El resto de sus amigos siguió caminando. Nadie se dio cuenta de su detención, ni siquiera cuando ya llevaban muchos metros recorridos. Se dio la vuelta. Quiso hacerlo rápido, invadida por la desesperación, pero la sorpresa le obligó a girarse lentamente, con miedo.
La gente continuaba caminando. La mayoría reían. Algunos llevaban gorros de Papá Noel en la cabeza, otros se apretujaban en sus chaquetones y se ponían a la cola de un puesto de chocolate caliente. Los niños corrían y las familias paseaban. El mundo era puro movimiento. Pero ellos, ellos estaban quietos.
Se miraron a través de la oleada de personas que inundaba la concurrida feria. Sus ojos brillaban inquietos.
Ninguno dio un paso.
Pero él se dio la vuelta. Continuó caminando en la dirección en la que iba y ella no reaccionó. No fue tras él, ni él volvió a dirigirle una sola mirada.
Simplemente hicieron como que no se habían visto. Ella ocultó las lágrimas y fingió una amplia sonrisa.
Él tiró la rosa al suelo y la pisó con rabia.
Y ninguno se dio cuenta de que habían perdido la oportunidad de ser felices.

viernes, 21 de diciembre de 2012

La distancia era larga, demasiado larga.
El pasillo se extendía hasta el horizonte,y, aún así, ella lo escuchó. La suela de goma de unos zapatos desgastados provocaba un sonido que ella conocía demasiado bien. Un sonido que rebotó de una loseta a otra, cruzó el pasillo, y le hizo levantar la cabeza.
Se miraron. Había metros y metros, pero, en el momento que sus ojos se encontraron, a ambos se les detuvo la respiración.
-Cuánto tiempo... - dijo él con voz temblorosa.
-Sí... - suspiró ella.
Sus voces eran suaves ecos cargados de nervios que viajaban a ambos extremos del corredor.
-¿Sabes...? - empezó él. - ...realmente, nunca te llegué a olvidar.
-Ni yo a ti.
-Entonces... supongo que... te sigo necesitando.
A ella se le paró el corazón. Su cerebro fue lento en dar la orden y en volver a conectar todas las conexiones, pero, aunque su reacción fue retardada, sus pies se levantaron del suelo y ella echó a correr.
Él no se contuvo. Veloz como la luz, arrancó hacia ella y, en el momento que se encontraron y se fundieron en una abrazo lleno de "te quieros" y "te he echado de menos", apareció un perro con bigote y, confundido por tanto amor, no supo qué hacer, y explotó.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Amore

+¡Eh, pequeña princesa!, ¿qué te pasa?
-Nada, sólo lloro porque acabo de perder mi reino.
+¿Tu reino? ¿Qué ha pasado? ¿Lo ha atacado algún ejército?
-Sí, un ejército de mariposas.