La distancia era larga, demasiado larga.
El pasillo se extendía hasta el horizonte,y, aún así, ella lo escuchó. La suela de goma de unos zapatos desgastados provocaba un sonido que ella conocía demasiado bien. Un sonido que rebotó de una loseta a otra, cruzó el pasillo, y le hizo levantar la cabeza.
Se miraron. Había metros y metros, pero, en el momento que sus ojos se encontraron, a ambos se les detuvo la respiración.
-Cuánto tiempo... - dijo él con voz temblorosa.
-Sí... - suspiró ella.
Sus voces eran suaves ecos cargados de nervios que viajaban a ambos extremos del corredor.
-¿Sabes...? - empezó él. - ...realmente, nunca te llegué a olvidar.
-Ni yo a ti.
-Entonces... supongo que... te sigo necesitando.
A ella se le paró el corazón. Su cerebro fue lento en dar la orden y en volver a conectar todas las conexiones, pero, aunque su reacción fue retardada, sus pies se levantaron del suelo y ella echó a correr.
Él no se contuvo. Veloz como la luz, arrancó hacia ella y, en el momento que se encontraron y se fundieron en una abrazo lleno de "te quieros" y "te he echado de menos", apareció un perro con bigote y, confundido por tanto amor, no supo qué hacer, y explotó.
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