LA MÚSICA TERMINÓ, PERO NOSOTROS, AÚN CANTÁBAMOS

Estás aquí, pero te siento a mil años luz

domingo, 14 de octubre de 2012

13 de Agosto de 1993

Recuerdo esos días en la cálida y acogedora cocina. Recuerdo tus manos, rápidas y delicadas, al verter el café sobre las tazas. La lluvia golpeaba los cristales con fuerza. Los truenos hacían retumbar los azulejos medio rotos de la pared.
-No tengas miedo. - solías decirme.
Nunca tuve miedo. No mientras tú estuvieras allí.
¿Sabes que ahora voy a tu apartamento cada día? ¿Sabes que me paso las tardes sentada contra la pared, contemplando la oscuridad?
No me atrevo a encender la luz, aún no. Si lo hago, me daré cuenta de que no estás.
Hace días apareció Nano. ¿Lo recuerdas? Es aquel gato al que solías dar leche por las tardes.
Cada día me sigue calle abajo hasta casa después de pasar la tarde conmigo.
¿Tú también le echas de menos, Nano?
Nano dice que sí.
Anoche encontré tus cartas. He leído algunas, no todas.
¿Es por eso que te has ido? ¿Por tu padre?
No es justo. Yo podría haberte ayudado. Podría haberme ido contigo. Seguro que juntos lo encontraríamos.
Tengo que dejar de escribir esto porque las lágrimas van a emborronar el texto. Y, además, escribiendo a oscuras no me está saliendo bien.
Algún día se encenderán de nuevo las luces de esta casa.
Pero serás tú quien pulse el interruptor.
P.D. Un día más sin ti.                 
               
                                                                                                          ¿Dónde estás?

No hay comentarios:

Publicar un comentario