Estoy escribiendo. Lo sé con certeza. Quizá con demasiada. El sol no existe. En este mundo, o lugar, o espacio, no hay sol. Ni luna. Ni estrellas. No hay más que una triste y fría oscuridad.
Pero también hay un lápiz y un papel. Es lo único real que percibo. Ni siquiera hay suelo. Sólo ese lápiz, ese folio, apretados entre los sudorosos dedos de mis manos.
Como no hay sol, no puedo ver las letras. No veo si las escribo en orden, en línea recta, siguiendo unas pautas. Pero sé que ellas sí que existen. Porque estoy escribiendo.
Lo sé con certeza.
Y lo que escribo es tu nombre.

-¡te encontré!
ResponderEliminar-¿perdón?
-Llevo buscándote toda mi vida, y al fin estás ahí, te he encontrado.
-No me puedes recordar porque tu cerebro aún no ha registrado recuerdos conmigo.
-¿Entonces...?
-Entonces es hora de crearlos.
-¿Q-qué?
-Eres la princesa de mi cuento, sin ti no puede haber final feliz.
claudiaalpe@gmail.com