Noches secas y agobiantes. Calor interno. Ni un solo soplo de viento. Una única ventana abierta de par en par dejando entrar los brillantes rayos lunares. Una fina cortina blanca quieta, como una pesada tela muerta.
Y en el centro de la habitación, dos siluetas oscuras. Entre besos y abrazos silenciosos buscan llegar cada uno a lo más profundo del otro. Lo que explota dentro de sus pechos y respiraciones agitadas es más fuerte que un huracán. Como si una llamarada de fuego inundase hasta la última gota de sangre que corre por su interior.
Pero hay algo de lo que no se han dado cuenta.
Jugar con fuego

No hay comentarios:
Publicar un comentario